¡¿Cómo?! ¡¿Un niño en el avión?!

En más de una ocasión habréis compartido avión con pasajeros que arrugaban la cara al oír a un niño llorar, por ejemplo, en el momento de despegar. Pues más de uno de estos pasajeros que se incomodan por compartir el avión con criaturas estarán dispuestos a pagar un suplemento en su billete de avión a cambio de que le aseguren que no habrá menores cerca.

De hecho, desde hace unos años un par de aerolíneas han creado zonas (de pago) libres de niños en sus cabinas.

Durante el año 2013, el portal de viajes Tripadvisor preguntó a 8.000 personas de nueve países si pagarían un extra por sentarse en una zona libre de niños en el avión. Cerca del 20% de los europeos respondieron que sí (a los españoles lo que más les molesta a bordo es el clásico “los padres que no controlan a sus hijos”). Los más contrarios a coincidir con niños en el avión son los australianos: hasta el 61% estarían dispuestos a  pagar más por no escuchar el jolgorio infantil. Una posible explicación sería que al ser vuelos más largos, la tolerancia es menor. En cambio, al 11 % de los australianos, la existencia de zonas segregadas (sin niños) les parece ofensiva.

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Por lo tanto, ¿se puede dar el caso que surjan más aerolíneas que ofrezcan zonas libres de niños?, ¿se fletarán aviones sin niños como ya existen hoteles solo para adultos? Y si así fuera, ¿sería discriminatorio.

Por el momento, únicamente tres compañías ofrecen asientos sin niños en la costa. Una de ellas es la aerolínea Malaysia Airlines que no admite bebés en primera clase desde 2011 y que, además, en 2012 ordenó a sus agentes de viajes que no reservaran asientos a los menores de 12 años en el piso superior de sus Jumbo. Hay otras dos compañías (que son low cost) que ofrecen un extra, esto es, “zonas de tranquilidad”. AirAsia X tiene la Quiet Zone: por 25€ más el pasajero se sienta en las filas 7 a la 14, detrás de Primera (vetadas a los menores de 12 años). Habiéndose lanzado esta propuesta en febrero de 2013, 150.000 pasajeros la han contratado. Por último, la compañía Singapore Airlines, inauguró en agosto de 2013 “Scoot in Silence”. En este caso, por $14 se disfruta de uno de los 41 asientos ubicados detrás de la clase Business en los que no se pueden sentar niños y que tienen 7,5 centímetros más de espacio para las piernas. Por lo tanto, el silencio es un extra más como lo son la cena, las películas o el equipaje.

En palabras de Jorge Cardona, catedrático de Derecho Internacional Público en Valencia y uno de los 18 miembros del Comité de Derechos del Niño de las Naciones Unidas que supervisa la aplicación de la Convención sobre los Derechos del Niño, “Segregar a los menores en un avión es una discriminación injustificable”. Para el Catedrático, crear una zona sin niños es igual a crear una zona sin personas de una raza determinada, sin obesos o sin discapacitados intelectuales “porque a alguien le resultan molestos”. “Igual que un bebé, un enfermo de alzeihmer puede ponerse a llorar sin control. ¿Podríamos crear una zona sin ellos? Es impensable”. Y lo mismo, opina, va para los hoteles solo para adultos (la mayoría de las grandes cadenas españolas los tienen). “El límite del derecho de admisión es el respeto de los derechos fundamentales. El deseo de otros clientes de no tener niños alrededor no es una causa objetiva justificada para no admitir niños o no dejarles viajar en ciertos lugares”. Una denuncia, dice “estaría ganada”.

Por otro lado, el Catedrático de Derecho Constitucional de la Pompeu Fabra, Marc Carillo, da la razón a las compañías que ofrecen esta oferta de “sin niños”. “Les ampara la libertad de empresa que les garantiza la disposición de sus medios materiales y personales para ofrecer el mejor servicio. Sí que habría discriminación si se tratase de “una decisión tomada por un poder público, donde el canon exigible sobre el principio de igualdad es mucho más estricto”. También si se prohibiese el asiento a alguien de otra raza, “discriminación expresamente prohibida por los textos constitucionales”. Pero, según el catedrático, ni siquiera sería discriminatorio un vuelo completo que no aceptase niños, como no lo son los hoteles solo para adultos. “Las familias siempre podrán optar por otras compañías que ofrezcan vuelos sin distinciones. El problema discriminatorio podría plantearse si materialmente no fuese posible ejercer la opción de escoger otra compañía”, dice.

A todo esto, el Catedrático Jorge Cardona concluye que “el hecho de que la gente no se eche las manos a la cabeza con este tipo de cosas, como sí lo haría si vendiesen zonas libres de negros, obesos, ancianos o discapacitados solo demuestra que hay mucho trabajo por hacer”.

En la asociación de consumidores FACUA consideran que al menos en Europa nunca podría haber un avión que no admitiese niños, “contravendría la Ley de navegación aérea de 1960 que permite excluir pasajeros solo por enfermedad contagiosa o por circunstancias que pongan en peligro o alteren el buen régimen de la nave”, explica su portavoz, Rubén Sánchez. Sobre las zonas sin niños plantea: “Parece más razonable, pero si el avión estuviese lleno de familias y solo quedasen asientos en esas filas, negarse a vender un billete a un niño o vendérselo antes a un adulto sería ilegal”. Y subraya: “Pero da igual, las aerolíneas hacen lo que quieren — cobran por facturar, por emitir el billete o por pagar con tarjeta, anuncian tarifas engañosas.. — y las autoridades se lo permiten o les ponen multas de poca cuantía”.

Por último, hay que destacar que toda propuesta tiene una propuesta contraria que, además, también puede tener un rédito económico. Y es que, mientras algunas compañías crean zonas libres de niños para que quienes paguen más no tengan que oírlos, otras apuestan por ayudar a distraerlos como, por ejemplo, la compañía Etihad Airways que acaba de lanzar un servicio de ‘nannies’ a bordo.

Más que ‘nannies a bordo’, se trata de azafatas con un distintivo delantal naranja que han recibido formación en la prestigiosa escuela británica Norland. Cual Mary Poppins, estas expertas en títeres, manualidades y pintacaras — cuyo servicio es gratuito en todas las clases —  ayudan a los padres a relajar, distraer, dormir y dar de comer a los más pequeños.

La mayoría de las aerolíneas tienen deferencias con los niños que pagan menos aunque ocupen asiento (los que van en brazos suelen pagar tasas y un 10% del billete) y pueden llevar todos los líquidos y cremas que quieran (en algunos controles aeroportuarios se ha obligado a los padres a abrir y probar los potitos). Las familias suelen embarcar con prioridad (aunque a veces ello signifique desembarcar los últimos) y algunas compañías, como Iberia, permiten llevar el carrito hasta la puerta del avión. Muchas tienen detalles como comidas especiales o pequeños juguetes.

Foto: Babble.com